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Cuenta el viñedo, la elaboración y la crianza con tu voz o con voz de IA. El visitante escanea un QR y escucha en su idioma, sin app ni aparatos. Y si quieres, la vendes con la visita o la cata.
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- El viñedoSuelo, cepas y vendimia
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- Nave de barricasRoble, tiempo y pacienciaSonando
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Tu visita, sin depender de que haya guía.
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Con MuvoVisita autoguiada para las horas sin guía, y la guiada se centra en la cata.
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Con MuvoCada visitante escucha en su idioma; tú solo escribes en el tuyo.
- Hoy
Cambias de añada y el folleto y la locución se quedan viejos.
Con MuvoCambias un párrafo y se vuelve a generar solo ese; el QR sigue siendo el mismo.
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Muvo está pensado para que la audioguía la lleve quien conoce el lugar, no un proveedor. Si sabes escribir un email, sabes hacer una audioguía.
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La primera parada, esta tarde
Creas el espacio en dos minutos, escribes el texto y lo escuchas en tu móvil. Sin proyecto, sin reuniones y sin esperar a nadie.
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Esta es una audioguía publicada con Muvo, con el mismo reproductor que abre el visitante. Dale al play aquí o escanea el código con tu móvil y escúchala como un visitante más.
Capitel califal de Medina Azahara
Audioguía real de Museo ARCA, en Bogotá, Colombia
Bienvenido a Al-Ándalus. Este capitel de mármol es un buen punto de partida porque resume, en un solo bloque de piedra, todo lo que fue Córdoba en el siglo X: la ciudad más grande y más culta de Europa, cabeza de un califato que se extendía desde el Duero hasta el norte de África, y capital de una civilización que hablaba árabe, rezaba en tres religiones y leía a los filósofos griegos cuando el resto del continente los había olvidado.
Fíjese primero en la textura. Los canteros andalusíes tallaron el mármol con un instrumento llamado trépano, que perfora y calienta la piedra hasta convertirla en una especie de encaje. Los especialistas le dicen a esta técnica "capitel de avispero", por los huecos que parecen los agujeros de una colmena. La idea no es solo decorar: es hacer que la luz atraviese el capitel, que la piedra parezca liviana, casi textil. El poder del califa no se muestra con un capitel macizo, sino con uno que respira.
Esta pieza viene de Medina Azahara, una ciudad palatina que el califa Abderramán III mandó construir en las afueras de Córdoba hacia el año 936. Fue una capital administrativa y ceremonial pensada para deslumbrar a los embajadores que llegaban desde Constantinopla, desde Bagdad, desde los reinos cristianos del norte. Cuentan las crónicas de la época que había estanques de mercurio en los patios, que los techos eran de oro y que las puertas se cerraban con automatismos hidráulicos. Duró apenas setenta años. En el año 1010, en medio de una guerra civil dentro del propio califato, Medina Azahara fue saqueada y luego olvidada. Durante siglos, los campesinos de los alrededores le decían simplemente "la ruina vieja".
Piense por un momento en lo que eso significa para nosotros acá en Colombia. Cuando en Europa todavía se contaban los días por siglos oscuros, en Córdoba había una biblioteca con cuatrocientos mil volúmenes, alumbrado público, hospitales y una universidad. La lengua de esa universidad no era el latín: era el árabe. La ciencia que allí se enseñaba —álgebra, astronomía, medicina— llevaba varios siglos escribiéndose en árabe, y desde Córdoba pasaría, traducida, al resto del mundo. Muchas palabras que usamos todos los días en Colombia vienen de ese árabe andalusí: "azúcar", "almohada", "alcalde", "alcancía", "aceite", "ojalá". Cada vez que decimos "ojalá" —del árabe in shā' Allāh, "si Dios quiere"— estamos, sin saberlo, citando a Córdoba.
El capitel que tiene enfrente probablemente sostuvo, hace mil años, una columna en el salón donde el califa recibía a los enviados extranjeros. Después de ese salón vinieron el saqueo, el olvido y la excavación arqueológica del siglo XX. Y después de todo eso, este capitel llegó a Bogotá.
Cuando termine de escucharlo, avance hacia la vitrina de la izquierda, donde le espera un pequeño cofre de marfil que perteneció a la mujer más poderosa del califato.
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Muvo pone en tus manos la tecnología para que la experiencia de visita también genere revenue: audioguías premium hoy y, muy pronto, nuevas oportunidades de venta a lo largo de cada recorrido. Más ingreso por visitante, sin inversión en hardware ni costes de operación, y con tu modelo de precios de siempre.
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Pasa al acceso con código y entrega un código de 6 dígitos con cada entrada: incluido en el precio o como suplemento, al precio que tú decidas y sin comisión.
QR en barricas, depósitos y viñedo
Carteles listos para imprimir y archivos de una sola tinta para grabar con láser en madera o metal, cortar en vinilo o serigrafiar.
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Con ambiente
Música de fondo opcional bajo la voz, para que cada parada suene a lo que se está viendo.
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Estadísticas anónimas: escuchas, idiomas, paradas más oídas y en qué punto se deja el recorrido.
De un texto a una audioguía, en tres pasos.
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En 133 idiomas y variantes regionales: inglés británico o americano, francés de Francia o de Bélgica, portugués de Portugal o de Brasil, y muchos más. Escribes en tu idioma, Muvo traduce y pone voz, y tú revisas cada traducción al lado del original antes de publicarla.
¿Puedo poner mi propia voz?
Sí. Lees el texto en un teleprompter en el ordenador y tu móvil hace de micrófono. Muvo limpia el ruido, iguala el volumen y sincroniza el texto. Lo que grabas nunca se sustituye por una voz de IA.
¿Qué pasa cuando cambio de añada o de vinos?
Cambias el párrafo en el panel y solo se vuelve a generar ese. El visitante sigue oyendo la versión publicada hasta que publicas la nueva, y el QR que ya está en la nave no cambia.
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Nuestro equipo de contenidos los escribe a partir de lo que ya tienes (folletos, fichas, notas) y te deja la audioguía publicada, con la última palabra siempre tuya. Es un servicio aparte, que no entra en los planes de Muvo: te preparamos un presupuesto cerrado para tu proyecto.
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